Mamá, papá ¿los reyes son de verdad?

[trx_title type=”3″ color=”#1e73be”]Descubrimos el gran secreto de las fiestas de navidad.[/trx_title]

Los compañeros de clase, una vecina, el hermano mayor … es posible que estos días los niños haya llegado a casa planteando el gran interrogante. “Es verdad, mamá?” “Es cierto, padre, eso que me dicen?” ¿Cómo podemos reaccionar cuando los hijos empiezan a intuir la verdad?

Vivimos en una época en que los niños crecen muy rápido. Una parte de nosotros como padres o madres quiere, desesperadamente, mantener la inocencia de sus hijos, ya que creen en la magia de la Navidad. Sin embargo, es un momento que debe llegar y al que tendremos que hacer frente y responder a la pregunta “los reyes magos son de verdad? Y la temida frase” papá, mamá – digamos la verdad “

Cuando un niño hace estas preguntas es porque ya no lo ve claro y de alguna manera necesita reafirmar que cree la voz de las personas con las que confía como son sus padres.

Evidentemente es un momento complicado, porque los sentimientos y las emociones se acumularán todas de golpe y será necesario gestionarlas. Pasarán por la decepción, la tristeza, el enojo, el hecho de sentirse engañados y el no querer hablar más.

La mejor forma de resolver este conflicto es una conversación con los hijos.

Si los niños aún son pequeños los recurso de devolverles la pregunta “tú crees?” “¿Por qué lo dices?” funcionan bastante bien. Ellos mismos se responden y de alguna manera los hace pensar y descubrir que no tienen ningún motivo para dudar. si esto ocurre, significa que el niño aún no está preparado para saber la verdad y no hace falta estirar más el hilo.

Si por el contrario, ya son niños mayores (2º -3º de primaria) ha llegado el momento de responder con verdad aunque duela.

Cuando confirmamos que los personajes mágicos no existen, evidentemente se enfadarán, no querrán hablar y seguramente repetirán una y otra vez que somos unos mentirosos.

Como padres debemos debemos respetar este momento, dejar que saquen toda la frustración y la rabia, pero siempre recordándoles que no les has mentido. Es el gran secreto de la navidad y desde este momento ellos también son guardianes.

Todos los padres tenemos una gran imaginación y somos capaces de recrear e inventar historias magníficas pero por si alguien quiere ideas, os dejamos un cuento que puede ser de utilidad.

Cuando el niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle.
Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el mayor de los Reyes, Melchor, dijo:

– Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices serían.
– Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:

– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos mágicos, ya somos muy grandes y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito …

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y su voz sonó en el Portal:

– Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Os ayudaré a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ​​¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– Oh! Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño, que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no hay tantos.
– No se preocupe por eso -dijo el Niño-. Yo te daré, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– Sería fantástico! Pero, como es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes de Oriente con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños?
– Sí, claro, eso es fundamental – afirmaron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían saber muy bien los deseos de los niños?
– Sí, sí. Esto es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que el niño Jesús estaba planeando, cuando su voz de nuevo volvió a sonar:

– Ya que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algún regalo … yo ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes y que, en su nombre y de parte vuestra, regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si lo hicieran los mismos Reyes de Oriente. Pero cuando los niños sean suficientemente grandes para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, cada Navidad, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de afecto. Y recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cada niño reacciona de una forma, pero debemos dejar espacio a que asimilen la pérdida, el hecho de sentirse engañado y que poco a poco se ilusiona por el hecho de ser el nuevo guardián del secreto de la Navidad y hacer que este año sea el protagonista de ayudar a continuar con la magia por todos los pequeños de la casa.

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